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EL HORIZONTE ES LA LÍNEA MÁS FRÁGIL
Hace pocos meses volvió de Alemania. Aceptó una entrevista por correo electrónico. Mariela Limerutti nos escribe desde Albardón, San Juan. “Los sueños están aquí entre nosotros. Vos, yo y lo que hacemos, somos nuestro sueño y el de alguien. Lo que hago es un sueño que tuve. Siempre he trabajado para hacer realidad mis sueños. Tiendo a proyectar los sueños en los proyectos de arte y de vida que voy haciendo.
La idea de La rosa de los vientos surgió tras venir investigando y trabajando desde hacía tiempo con mapas. Utilizaba la cartografía como modo para comunicarme desde el arte. La rosa de los vientos fue hecha con harina y sal frente al edificio del Correo Central de San Juan. Mi interés estaba en jugar con lo representado y la representación. Quería instalar en la ciudad esta rosa de los vientos, a escala 1:1 con la ciudad y así convertir a San Juan en un gran mapa. Las calles, los edificios eran la representación de ellos mismos. Lo temporal fue muy importante en esta obra, donde el “des-dibujar” esfumaba la idea de ciudad como mapa. Esta obra y su sobredimensión fueron disparadoradores de la siguiente, La Carta Portulana, que se concentraba en el transeúnte convirtiéndolo en “navegante” al momento de ingresar al sistema de líneas de vientos de la gran intervención con tierra. Este trabajo fue la parte práctica de la tesis de Licenciatura en Artes Visuales en la UNSJ. La obra fue la adaptación al lugar de una carta de navegación de la Edad Media, basada en un complejo sistema de rosas de los vientos. La idea fue aislar la Carta Portulana de su contexto marítimo, re-contextualizándola en un territorio montañoso que dista de los mares. El agua juega aquí un papel primordial, por su escasez y en su reemplazo utilicé tierra para la construcción de la carta, enfatizando el sentido de aridez de nuestro suelo que está tan lejos del mar. Quería valerme de la función principal de dicha carta marítima: la orientación a los navegantes. También surgió debido a la situación social que vivíamos a fines del 2002, que obligaba a mucha gente a emigrar y se transformaban en “navegantes” tratando de encontrar un lugar. El proceso previo a la realización fue largo y difícil; pidiendo los permisos pertinentes y tratando de conseguir también que la municipalidad pusiera en condiciones la fuente de agua de la plaza 25 de mayo de San Juan, que venía sufriendo el mismo deterioro del sistema social. La fuente estaba librada al azar, abandonada, llena de basura y saqueada. Para su construcción trabajamos desde las 11 de la noche del 15 de diciembre hasta las 9 o 9 y media de la mañana siguiente alrededor de 15 personas. Fue increíble el apoyo que recibí de amigos y de mi familia. Ahí comencé a entender de qué se trataba esto de una estética relacional. La obra fue producto de un arte social, donde lo más importante fue la relación entablada entre las personas: los que la construimos, los que la transitaron, los profes, los políticos y empleados públicos que aprobaron los permisos. La obra fue el resultado de un trabajo en conjunto donde todos se hicieron parte y fueron los comunicadores del sentido de dicho trabajo.
 Acerca de lo que Wokitoki me pregunta sobre uno de los debates que atraviesa la expresión artística contemporánea: la división del trabajo. Tanto de la división entre las distintas disciplinas artísticas, como los límites entre lo que es catalogado “arte” y lo que se considera servicio o producción cotidiana; creo que hay caminos para repensar. Es cierto que la ciencia moderna ha llevado a una fragmentación del saber que ha producido una evolución increíble de los conocimientos de orden práctico y tecnológico; pero esta especialización ha llevado también a una división de los saberes imponiendo fronteras rígidas que descontextualizan, que transforma todo en abstracto. Hay una frase muy certera de Chesterton que hace al caso, y dice que “el especialista es aquel que sabe cada vez más de un campo cada vez más pequeño, en marcha hacia ese límite último, en el que sabrá todo de nada....” De todos modos hay una tendencia en todos los campos del saber a integrar y articular conocimientos de la cual el Arte no es ajeno. Personalmente no estoy de acuerdo con las divisiones que estructuran y definen modelos. Pero para acceder y poder entender la realidad hemos sido educados mediante estructuras. ¿Qué hacemos entonces? Intento trabajar mi obra buscando fusiones, entrecruzamientos. En la transdisciplinariedad, que intenta borrar fronteras, reside un intercambio interesante. En ese borde he encontrado el sentido para mí, desde mi visión; y para otros, con posturas totalmente distintas. En el 2003 obtuve una beca de post grado en Alemania, en Weimar. Lo más valioso de esta experiencia lo aprendí al optar por una mirada positiva sobre lo bueno y lo no tanto. Era difícil entender que este era el modo, pero lo ratificaba en cada experiencia de desarraigo a mí alrededor. A pesar de no tener que pensar en lo económico, lo cual era increíble, fueron muchas las estrategias a desarrollar para fundirme con aquel contexto siendo yo un “recorte” de este extremo de la tierra. La adaptación al medio, al sistema educativo distinto, a la convivencia con otras culturas y los idiomas (alemán e inglés) significó más que una experiencia. La situación de compartir con extranjeros un período de tiempo en un mismo pedazo de suelo me obligaba a entender otros modos de vida y ver con claridad esas herramientas que cada uno utiliza ante esas necesidades sociales. Tomar clases y compartir trabajos en el Master con compañeros alemanes, israelíes, peruanos, japoneses, venezolanos, colombianos, noruegos, brasileños, griegos, de los Estados Unidos, canadienses, tailandeses, polacos, servios, franceses, neocelandeses fue una experiencia muy “fuerte”. Y lo enfatizo porque fue complicadísimo. Imaginate para llegar a acuerdos… no existían. ¿Quién tenía la verdad? No había cánones posibles. Los modos de pensar, actuar y relacionarse eran demasiado distintos. Pero en ese intento de lograrlo, todos fuimos aprendiendo y conociéndonos a nosotros mismos también. Mis obras resultaron ser en todos los casos una especie de biografía sobre lo que a nivel personal me sucedía en ese momento, pero siempre en búsqueda del diálogo con el espacio circundante.

Al culminar el Master en la Bauhaus, este programa ganó un premio por resultar posicionado entre los 10 mejores postgrados de ese país. Simultáneamente, en el examen de la Tesis obtuve la nota más alta. Eso fue muy importante para mí, pero no creo que sea mérito propio del todo. Me sentía orgullosa al comparar el nivel académico que yo llevaba con el de la Bauhaus, con el resto las universidades alemanas; y también con el nivel de formación de mis compañeros. Lo amplia y completa que fue mi formación educativa en la Universidad de San Juan, tanto en lo práctico como conceptual, me permitió acceder a conocimientos que para muchos de mis compañeros estaban casi encriptados. La constante actualización de los conceptos que se manejan en la educación artística en la Uni de San Juan, es buenísima. Obviamente, no tenemos el desarrollo tecnológico de Europa, pero sí profesores con un admirable nivel de compromiso con su trabajo. A pesar de la crisis y los malos sueldos, la vocación de los profesores mantiene la calidad de la enseñanza; y no sólo en la carrera de Bellas Artes. Coincido con esto que plantea Wokitoki, que uno de los hilos que recorre mi obra es el de la distancia, el que va desde lo local a lo universal, el que superpone el arraigo al exilio. Desde La Carta Portulana hasta la más reciente Uniendo Horizontes, pasando por Presencias y En el Intersticio, la continuidad y la profundización del tema, no es casual. Las obras tienen esa evolución y relación ya que son, como te decía, consecuencia de mi propia biografía. Es así que hablan de mí y de lo que me ha pasado, y aunque están elaboradas bajo una mirada personal, siempre se refieren inevitablemente a problemáticas compartidas. Ahí reside para mí el sentido de la comunicación.
 En Alemania realicé recientemente tres obras casi a la par. La última, última fue una muestra en el edificio de una empresa que esponsoreó la impresión y diseño de un catálogo individual sobre mi obra de la tesis del Master, la cual había consistido en intervenciones en ventanas de un sector poblacional de Weimar. Mi trabajo reciente en la muestra en la empresa fue adaptar aquellas imágenes de los edificios intervenidos a postigos de ventanas reales que conseguí de un edificio demolido. Fue así que intervine los pasillos de la empresa “abriendo ventanas” con estos marcos de ventanas con fotos de mi obra anterior. Fue re-hablar sobre lo hablado pero con un público diferente… los empleados de esta empresa de quienes aprendí mucho. El proceso de las obras es lo que más me interesa, esa relación con la gente. Por ejemplo, el Dr. Müller se acercaba todos los días a ver como avanzaba mi trabajo y desde su especialidad, que es la física, interpretaba mi obra. Entre muchas divagaciones en un momento me dijo Die Wolken fliegen nicht, sie fahren. Esto es: las nubes no vuelan, viajan. Y me dio toda las razones físicas para esa afirmación: la diferencia entre el volar de los aviones y los pájaros y el desplazamiento de las nubes y los globos. ¿No es esto increíble? Me alucinó.
 A mi regreso, mi primera obra en San Juan fue para el 25 Aniversario de la Fundación Universidad Nacional de San Juan, la cual me concedió la beca para Alemania. Ellos mantienen una relación fluida y trabajan en convenios importantes con Alemania. Allí presenté fotografías de paisajes de Turingia, donde yo viví en Alemania, y de San Juan; pero bajo un intento de unión, de solapamiento, de comunicación entre estas imágenes muy distintas que representan mis dos realidades. Mi intención fue hacerlas convivir, como debí hacer cuando llegué a Alemania y como debo hacerlo ahora, con aquellos paisajes incorporados a mi vida. El modo de apropiarme de esos paisajes fue coser sus imágenes, sí, coserlas con mi pelo uniéndolas siempre por sus horizontes. Que es la línea más frágil que me permitió confundir la fantasía y la realidad. Me gustó mucho como Wokitoki definió mi trabajo aquí como “penelopeando” ya que además cosía de noche para poder llegar a tiempo. El Dr. Garcés quien es el director de la fundación, y la comisión que me seleccionó en aquella beca, se emocionaron mucho con el trabajo… y eso a mi me llenó de orgullo también. Saber que puedo retribuirles lo que ellos me posibilitaron. Ahora mismo estoy leyendo e investigando para un proyecto de obra que voy a realizar con una beca de Perfeccionamiento que he obtenido en la Secretaría de Ciencia y Técnica de la Universidad San Juan. Además estoy armando otro proyecto de arte público para un concurso en Ruhr, Alemania que será la capital europea de la cultura en el 2010. Y… también estoy buscando trabajo” Conocimos a Mariela en marzo de este año, durante una conferencia que dio junto a Horst Hoheilsel en la Facultad de Arquitectura de Rosario. Las palabras van terminando de aparecer en la bandeja de entrada del correo y es difícil no imaginar su voz, no escuchar el acento de sus palabras machacado por años de convivir junto a lenguas diferentes. http://www.wokitoki.com.ar/articulos/contemporaneos/el_horizonte_es_la_linea_mas_fragil.html
envio hugo ojeda
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